El paraíso de Cabrera cumple 30 años de protección (Condé Nast Traveler)

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Su reconocimiento siguió una fuerte lucha colectiva por preservar uno de los lugares más únicos y vírgenes del Mediterráneo.

Publiqué este artículo previamente en Condé Nast Traveler.

© Getty Images

A menos de 40 minutos desde la Colonia de Sant Jordi, una de las zonas de veraneo por excelencia de la isla de Mallorca, se encuentra Cabrera, un pequeño archipiélago de 19 islotes cuyo paisaje litoral, según los expertos, está considerado uno de los mejores conservados de las costas españolas, y uno de los mejores, también, de todo el Mediterráneo occidental.

Además de su belleza, si algo caracteriza a este territorio es su declaración como Parque Nacional, un hito conseguido tras mucho esfuerzo y que el 29 de abril cumplió 30 años. Esta declaración no solo representó un avance en su conservación, sino un precedente muy positivo para el Mediterráneo, el mar más amenazado del planeta, donde los niveles de sobrepesca y contaminación son extremadamente altos.

Cabrera ya es el mayor Parque Nacional de España.

El paraíso de Cabrera cumple 30 años de protección© Getty Images

Como explica a Condé Nast Traveler España Pilar Marcos, responsable de la campaña de Biodiversidad de Greenpeace, si viajamos atrás en el tiempo, a finales del siglo XIX, Cabrera era de propiedad privada y después fue expropiada para los intereses de la defensa estatal durante la Primera Guerra Mundial. No fue hasta mucho tiempo después, en 1991, cuando logró ser declarada como Parque, consiguiendo su estatus de protección actual.

Durante la etapa militar, este territorio fue un campo de tiro que incluía además boyas en mar para práctica con morteros. En estas maniobras, dice que participaron un centenar de vehículos, decenas de cañones, obuses y fuego de artillería real contra casi todos los islotes donde nidifican aves en peligro de extinción.

El peligro, no solo era la muerte directa por la artillería, sino también, “el abandono de nidos y crías, además de los contaminantes de todas estas maniobras que se vertían al medio marino”, añade.

Su reconocimiento como Parque fue, sin duda, el resultado de una lucha colectiva. Tanto de organizaciones sociales y ambientales, como Greenpeace, o del Grup Balear d’Ornitologia GOB, que inició Félix Rodríguez de la Fuente junto con Adena/WWF en los años 70, recuerda Marcos.

Protesta de Greenpeace, isla de la Cabrera, Mallorca, Baleares

Protesta de Greenpeace contra los ejercicios militares en Cabrera© Greenpeace

Las acciones se iniciaron en los años 80, con protestas tanto en Palma de Mallorca como en la zona militar de Cabrera, donde por aquel entonces, desde el barco Sirius de Greenpeace, se pedía la suspensión de las maniobras como única traba a la declaración del Parque Nacional. Desde esas últimas actuaciones en el año 1986, pasaron cinco años hasta la declaración, tras su aprobación previa en el Parlamento en el año 1990, como explica Marcos.

El archipiélago actualmente pertenece al término municipal de Palma de Mallorca. El conseller de turismo de Mallorca, Andreu Serra, expone a Condé Nast Traveler España que el reconocimiento y preservación de Cabrera “es un hito de sostenibilidad para mantener el entorno paisajístico”, que coincide, además, con el décimo aniversario del reconocimiento como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO de la Serra de Tramuntana.

En 2019, además, se aprobó la ampliación del Parque, multiplicando por nueve su superficie: pasó de tener protegidas 10.000 hectáreas a cerca de 91.000, el 80% de las cuales son marinas, e incorporó ecosistemas protegidos. De esta forma, Cabrera se convirtió en el mayor Parque Nacional de España, incluyendo los parques nacionales terrestres, y el segundo marítimo más grande del Mediterráneo occidental.

Según dice Serra, la preservación de Cabrera y de los territorios de las islas, “es el camino a seguir”. Hacia una sostenibilidad turística donde el peso del paisaje y medioambiente, sean su carta de presentación, con su entorno, fauna y flora preservados.

Un legado para nuestras generaciones futuras.

Un legado para nuestras generaciones futuras© Getty Images

La Tramuntana, Cabrera, el Parque Natural de la Península de Llevant o el Parque Natural Marítimo-Terrestre de Es Trenc, “son parajes que diferencian a las Baleares del resto de destinos en sostenibilidad y turismo de 365 días, porque se pueden disfrutar todo el año”, explica el conseller.

En Cabrera se han puesto en marcha varios trabajos para mantener el entorno, cuidar y aprender de ella. Uno de ellos es el proyecto VirtualMAR, en el cual trabaja el Instituto Español de Oceanografía (IEO) del Grupo de Ingeniería Fotónica de la Universidad de Cantabria. Su objetivo es la monitorización, gracias a la realidad virtual y a la inteligencia artificial, de sus fondos marinos para hacer un seguimiento de los posibles efectos del cambio climático.

El gobierno balear recientemente ha comenzado a trabajar para convertir Cabrera en una isla autosuficiente y sostenible, buscando implementar medidas para mejorar la sostenibilidad del espacio natural y convertirlo, en todo lo posible, en un escaparate inmejorable para transferir el conocimiento a las otras islas.

Tras la protección recibida por Cabrera, la isla ha seguido recibiendo viajeros, siempre que cuidemos del entorno, sin dejar nuestra huella. Para llegar hasta Cabrera podemos viajar en los barcos que salen todos los días desde la Colonia de Sant Jordi, excepto en invierno. La empresa Excursions a Cabrera realiza este trayecto desde la década de 1950.

Adéntrate en el paraíso

Adéntrate en el paraíso© Alamy

También podemos llegar a Cabrera con una embarcación propia tras solicitar un permiso. En el caso de querer fondear para pasar la noche, debemos solicitar también una autorización para hacerlo en la zona de uso especial que se encuentra en el puerto, donde hay habilitadas cincuenta boyas de amarre.

En Cabrera encontramos una cantina y un refugio que se ha habilitado como alojamiento en unas antiguas instalaciones que funcionaron como campamento militar, pasando sin duda una noche muy especial, prácticamente en soledad, disfrutando del silencio y las estrellas como en pocos lugares en el mundo.

Un viaje a Cabrera es una experiencia única, un destino donde todavía podemos bucear entre peces, gracias al ecosistema creado por su protección y por prohibir determinados fondeos. Es también un lugar bien conocido para el avistamiento de aves.

Una de sus visitas más espectaculares es su hermosa cueva azul para darse un agradable baño, una pequeña gruta excavada por el mar recibe este nombre debido al color intenso del agua. Sin olvidar su imponente castillo, que vigila la isla desde las alturas.