Aquellos años de la movida de Palma, o cómo se pretende revivir la plaza Gomila (Condé Nast Traveler

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La zona de la plaza Gomila del barrio del Terreno murió de abandono hace años y ahora los inversores tratan de darle un lavado de cara.

Escribí este artículo para la revista Condé Nast Traveler sobre el barrio en el que crecí.

El Terreno

El Terreno fue en su día el barrio más de moda de la ciudad de Palma de Mallorca, donde muchos residentes en el siglo XIX construyeron su segunda residencia para pasar el tiempo libre cerca del mar en verano. Su ubicación era ideal, ya que por una parte, se podía construir una vivienda cerca de la costa donde bañarse por las mañanas (ya que todavía no existía el Paseo Marítimo), y por las tardes, pasear por el bosque de pinos del castillo de Bellver.

Mis bisabuelos construyeron una serie de viviendas que la familia reformó en los años cincuenta para ir a veranear cuando mi padre tenía unos ocho años y donde vivimos hasta hace unos diez años. Era una de las típicas casas ajardinadas del barrio, ni demasiado ostentosas, ni demasiado grandes, sombreadas por higueras y adornadas con muchas flores.

La clase trabajadora de la época no tenía vacaciones, pero las mujeres de los empresarios con un poquito más de dinero, salían de la ciudad a pasar los meses de verano con los hijos, a algún lugar no muy lejos, para que pudiera visitarlos el marido en sus días libres.

Además de las casas de veraneo, en la época también se hizo común el turismo residencial en el barrio, con estancias prolongadas en las casas particulares alquiladas, especialmente para británicos y alemanes, donde levantaron una capilla anglicana, un club británico y un conjunto de servicios comerciales con productos de consumo para ellos. La parroquia tenía un cine donde pasaban películas, algunas de ellas en inglés.

Mi padre, Tomeu, que ahora tiene 74 años, siempre me ha contado que la barriada del Terreno estaba unida a Palma a través de una carretera de gravilla, que hoy en día conocemos como las calles de Marqués de la Cenia y Joan Miró. Entre el actual barrio de Santa Catalina y la instalación deportiva de s’Aigo Dolça, había muy pocas edificaciones, algo que a mis 33 años yo nunca he visto.

Postal de El Terreno y del Castillo de Bellver

Postal de El Terreno y del Castillo de Bellver© Alamy

El centro social por excelencia del barrio era Gomila, nombre que se le daba a la plaza con este nombre, y a la plaza Mediterráneo, cercanas y ambas unidas por una calle estrecha. En esta zona se dejaban ver las personas más glamourosas de aquella época y los residentes salían a cenar por la noche por algunos locales de la zona. En algunos de ellos, había que llevar traje y corbata. La ruta más común era cenar en el restaurante El Patio, ver un espectáculo en la sala de fiestas Tito ‘s y acabar la noche con un dry Martini en el bar Joe’s.

La vida nocturna mallorquina se hizo conocida en toda Europa por su glamour y elegancia. A principios del siglo XX, abrieron en los alrededores de Gomila algunos de los primeros alojamientos para turistas, como el hotel Mediérráneo, el Victoria y el Mirador. Todos ellos para viajeros de gran poder adquisitivo, ya que el turismo de masas en aquella época todavía no existía y sólo podía viajar quien tenía tiempo y presupuesto.

En esa época proliferaron también las salas de fiesta, donde actuaban los mejores artistas de la época. Mi padre me contaba de pequeña al pasear por el barrio que por las noches, sus padres y otras parejas del Terreno, se sentaban en la plaza para disfrutar del movimiento desde la terraza del bar Mónaco, donde podías cruzarte con algún famoso o actor de cine.

Por la zona de Gomila, desfilaban muchos de los cantantes internacionales del momento, como Ray Charles, Charles Aznavour, Maurice Chevalier, Marino Marini, Sandie Shaw y Sylvie Vartan. Una serie de actores, artistas y escritores también compraron su casa muy cerca, como Camilo José Cela y Gertrude Stein. Frente a la plaza, había un bar que se llamaba Torres, donde se organizaban tertulias a las que asistían intelectuales.

Tito 's

Tito ‘s© Alamy

Con el impulso económico de los años 60, un gran número de europeos buscaron la forma de disfrutar de sus vacaciones remuneradas tras años difíciles de la postguerra, creando un verdadero estado de ánimo. La isla presentaba muchos atractivos, entre ellos, el sol y la diversión a buen precio. Con lo cual, se desató una batalla por recibir clientes entre los promotores de algunas de las salas de fiestas de Gomila, como Tito ‘s y Tagomago.

Según mi padre, la guerra civil había aislado a España del continente y con la llegada de los europeos, “los mallorquines podían apreciar que ellos vivían y vestían de una forma más liberal, convirtiendo la plaza en todo un escaparate de modas y actitudes para todos los residentes de la época”. Cuando se fue a estudiar a Barcelona, sus compañeros de universidad le envidiaban, porque la isla ya empezaba a estar de moda y volvía en vacaciones.

El turismo de masas llegó con la mejora de las conexiones aéreas y marítimas unos años más tarde. En aquel momento, se comenzaron a construir algunos grandes hoteles lejos de Palma, especialmente en la localidad de Magaluf, que por entonces era una playa de paraíso de pocas viviendas y rodeada por un pinar, pero hoy en día es uno de los peores lugares de la isla, por sus edificios altos y sus bares infernales.

Nacieron también los primeros turoperadores ofreciendo paquetes cerrados para pasar las vacaciones en la isla. Pero el Terreno, con la construcción del Paseo Marítimo, había perdido su acceso al mar y su atractivo urbanístico, ya que muchas de las casas de los veraneantes fueron sustituidas con el tiempo por bloques de edificios sin mucho encanto.