Y la industria del plástico, en pleno resurgimiento (Equal Times)

, , , , ,

En Europa sigue vigente la prohibición de los plásticos de un solo uso a partir de 2021 aprobada por la Comisión Europea, pero el consumo de plástico también se ha incrementado considerablemente por el miedo al contagio del coronavirus

Publiqué este artículo previamente en Equal Times

(EC-Audiovisual Service/Arnaud Finistre)

Plástico y coronavirus

El coronavirus y el recelo ciudadano al contacto con otras personas y sus posesiones, ha reabierto el debate sobre la viabilidad de los plásticos de un solo uso, dando un cartucho a la industria de los plásticos, que no ha dudado en explotar el miedo a las bolsas de tela o biodegradables, así como a los posibles sustitutivos, como utilizar nuestro propio envase en los establecimientos, alertan los expertos.

Antes de la pandemia de COVID-19, un número creciente de gobiernos prohibió las bolsas de plástico de un solo uso en un esfuerzo por reducir el desperdicio. Centenares de empresas, muchas de ellas multinacionales como Danone, Coca-Cola y Nestlé, se comprometieron a que en 2025 el 100% de estos plásticos fuera reutilizable, reciclable o convertible en compostaje, presionadas por los activistas y consumidores.

Con la expansión del coronavirus, el comportamiento de los consumidores, incluso de los mejores intencionados, ha cambiado: durante el confinamiento, el plástico ha sido el protagonista en las compras en los numerosos países en los que aún no prohíben su uso, ya sea para cargar productos del campo, en la utilización de guantes para seleccionar frutas y verduras, o para conservar alimentos, por ejemplo.

Como expresa Miquel Roset, director de Retorna, una iniciativa sin ánimo de lucro que trabaja para mejorar el sistema actual de recogida de residuos de envases, “la excepcionalidad del momento hace que debamos añadir más cautelas, si cabe, de las habituales a cualquier conclusión definitiva”. Sin embargo, señala que parece evidente que la industria del plástico “está intentando aprovechar la situación y presionando a las autoridades para relacionar un solo uso con seguridad o más salubridad”. Esta situación, como dice, no es nueva, ya que la industria del plástico “lleva haciendo esto durante décadas: defendiendo modelos y productos que son perjudiciales para el medio ambiente”.

Desde finales de 1980: a las malas, reciclaje

El documental Plastic wars, una investigación conjunta de Frontline (un programa de la norteamericana PBS) y NPR (una organización de medios estadounidense sin fines de lucro), expone cómo ya desde finales de la década de los 80, la industria del plástico gastaba decenas de millones de euros en una estrategia muy concreta (con un fin también muy concreto): promover el reciclaje a través de anuncios, proyectos de reciclaje y relaciones públicas, diciéndole a los usuarios que el plástico podría y debería reciclarse.

Esta afirmación contradice sus propios registros internos, ya que un informe enviado a los principales ejecutivos de la industria en 1973 calificaba el reciclaje de plástico como “costoso”, “difícil” e “inviable”. En aquel momento, la industria ya enfrentaba iniciativas como actualmente para prohibir o frenar su uso.

El reciclaje se convirtió entonces en una forma de evitar las prohibiciones y vender más plástico en un mundo cada vez más concienciado con el medio ambiente.

Como explica Eusebio Martínez de la Casa, presidente de Recircula, una plataforma impulsada por un grupo de profesionales comprometidos con la implantación efectiva de un modelo de economía circular, la alarma informativa desde los medios de comunicación sobre los efectos del uso del plástico, llevó a la desconfianza por parte del consumidor, que comenzó a demonizar este material que anteriormente utilizaba de forma cotidiana.

Esto tuvo dos consecuencias en Europa, explica Martínez de la Casa: “por una parte, una acción regulatoria. Curiosamente en solo siete meses la Comisión Europea consiguió ponerse de acuerdo para aprobar una directiva sobre los plásticos de un solo uso, algo absolutamente inédito. Y por otra parte, una acción empresarial (como sustituir bolsas de plástico por otras biocompostables o de papel, o quitar las anillas de plástico en los packsde bebidas), ante unos consumidores que sienten cierto rechazo a la utilización masiva del plástico de un solo uso que después no se gestiona bien y acaba en el mar”.

Plástico, ¿sinónimo de higiene, salud y protección?

En la coyuntura actual, el lobby parece haber encontrado no obstante su momentum. Como señala el director de Retorna, la industria está empujando para que, de nuevo, los usuarios vuelvan a utilizar el plástico —en el contexto de la pandemia—, haciendo uso de “argumentaciones y estudios de dudosa validez y origen”.

En Estados Unidos, por ejemplo, el lobby está siendo bastante agresivo, actuando sobre las bolsas reutilizables que un gran número de ciudadanos usa cada vez más para comprar, en lugar de bolsas de plástico desechables. Como advierte una campaña de la industria bajo el lema Bag the Ban, lo único que pretenden es evitar un desastre, porque las bolsas reutilizables pueden llenarse de gérmenes, poniendo en riesgo al público y a los trabajadores en los comercios.

La industria del plástico también envió una carta al Departamento de Salud de este país, pidiendo una declaración pública que defienda el plástico de un solo uso como la opción más saludable durante la pandemia.

Esta creencia sin embargo no tiene ningún fundamento científico. Como indican desde Greenpeace, “el hecho de que un material esté hecho de plástico de un solo uso no hace que sea menos probable que transmita infecciones virales durante la utilización”. Es más, la revista científica New England Journal of Medicine publicó recientemente los resultados de un experimento que muestra que el coronavirus es más estable en plástico (donde permanece hasta 72 horas) que sobre el cartón (donde puede estar hasta 24 horas).

Hasta donde sabemos, tampoco hay datos que indiquen que las bolsas reutilizables estén más contaminadas que las de un solo uso de las tiendas de comestibles, por ejemplo, donde generalmente se almacenan.

En un tiempo récord, algunas prohibiciones duramente ganadas para reducir el uso de plásticos, se han revertido por la presión del lobby en los Estados Unidos. El estado de Maine, por ejemplo, ha retrasado su prohibición sobre las bolsas de plástico, que entraba en vigor en abril, hasta al menos enero de 2021. Los gobernadores de Massachusetts e Illinois han prohibido o desaconsejado el uso de bolsas de supermercado reutilizables. Y ciudades desde Bellingham, Washington, hasta Albuquerque, en Nuevo México, han anunciado un paréntesis en la prohibición de las bolsas de plástico.

Según los últimos datos de la Agencia de Protección Ambiental de este país, en 2017 se generaron 4,14 millones de toneladas de bolsas de plástico, sacos y envoltorios y se recicló el 9,4%. Perry Wheeler, especialista senior en comunicaciones de Greenpeace Estados Unidos, dice que no tienen datos concretos de la producción de cada producto, pero asegura que si bien muchas ciudades y estados han comenzado a tomar medidas con respecto a las bolsas y pajitas de plástico, la utilización del material en estos productos “es de hecho la punta del iceberg”.

En Europa sigue vigente la prohibición de los plásticos de un solo uso a partir de 2021 aprobada por la Comisión Europea, pero el consumo de plástico también se ha incrementado considerablemente por el miedo al contagio del coronavirus.

En España, por ejemplo, uno de los países más afectados por la pandemia, la empresa Ingamark de O Porriño (que produce envases para alimentos), comunicó que sus ventas habían crecido un 40% y que se tuvieron que aplazar las vacaciones de algunos empleados para poder mantener la producción de estas semanas.

Según explicó el dueño de la compañía, José Manuel Caballero, su equipo trabaja sin descanso para crear bandejas, bolsas de vacío y filmes técnicos para que los productos de primera necesidad se mantengan “frescos e higienizados” y así sea “más fácil y rápido [para el consumidor] cogerlos en el lineal y llevarlos a casa sin hacer colas de espera”.

Mayca Bernardo, responsable de Comunicación en la española Cicloplast, una sociedad sin ánimo de lucro (que integra a todas las empresas del sector de los plásticos) comprometida con la promoción del reciclado de los plásticos, asegura “no tener datos cuantificados como tal por el momento” sobre el aumento de la producción de este material.

Como dice Martínez de la Casa, presidente de Recircula, el aumento de la producción de plásticos se debe a que se ha ligado su uso al concepto de higiene, salud y protección. “Esta mañana mismo, una de las ponentes de un webinar en el que he participado, que trabaja en una empresa escandinava de productos para la hostelería, decía que desde que ha llegado la pandemia sus clientes vuelven a pedir productos de un solo uso”, ya que aunque algunos establecimientos están cerrados, se preparan para la reapertura.

El motivo, dice, es porque “piensan que cuando vuelva a abrir la hostelería, muchos clientes van a tener miedo a utilizar cubiertos y tazas que han utilizado otras personas”. Y la tendencia no solo indica que cambiará en la cubertería. Las mesas de los restaurantes antes estaban prácticamente desnudas y se espera que los usuarios vuelvan a exigir mantelería, según explica.

Queda por ver cuáles serán los efectos a largo plazo para el conjunto de la industria. Martínez de la Casa señala que las empresas de bebidas, por ejemplo, a diferencia de otros productos de alimentación, no se han beneficiado en nada de la crisis y están “recibiendo un golpe brutal” porque la mayor parte de su facturación se hace en los bares que permanecen cerrados por tiempo indefinido y estos podrían reabrir con limitaciones de aforo.

De lo que sí está seguro Martínez de la Casa es que el plástico “va a tener un resurgir”. “Este material se va a poner baratísimo porque el petróleo está por los suelos y habrá tentación de usarlo como envase estrella, incluso más que antes de esta crisis” ya que será más barato que el reciclado, dice. El experto se pregunta si las empresas, en las circunstancias actuales, mantendrán los compromisos previamente anunciados para dejar atrás el uso excesivo de plásticos.