Tailandia reabre su icono turístico, Phuket, en plena tercera ola de coronavirus y carente de vacunas (El País)

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Vacunación en Tailandia: La campaña masiva de inmunización contra la covid-19 comenzó en junio y está siendo caótica.

Escribí este artículo para El País Planeta Futuro.

Sigal Baram,  israelí de 54 años, es una de las primeras turistas que ha viajado a Phuket (Tailandia) después de que esta isla haya sido la primera de Tailandia en reabrir a turistas internacionales vacunados.

Sigal Baram, israelí de 54 años, es una de las primeras turistas que ha viajado a Phuket (Tailandia) después de que esta isla haya sido la primera de Tailandia en reabrir a turistas internacionales vacunados.JORGE SILVA / REUTERS

Vacunación en Tailandia

Tailandia reabrió su isla Phuket el 1 de julio como parte de su proyecto Phuket Sandbox, que permite a los turistas vacunados de países como España, Alemania, Francia y Estados Unidos, visitar la isla sin tener que hacer cuarentena. El turismo es crucial para el país, ya que aporta el 6% del PIB. Es la principal fuente de divisas y ocupa a cerca de 5,4 millones de personas (14,1% del empleo total). Pero incluso con Phuket como el primer destino de vacaciones en reanudar el negocio como caso de prueba, el país ha anunciado que no reabrirá del todo, al menos, hasta mediados de octubre, cuando se espera que la población consiga la inmunización necesaria.

Según los activistas, la inmunización en Tailandia está siendo “caótica”, principalmente debido a la falta de transparencia por parte del Gobierno. Las autoridades muy a menudo han hecho declaraciones contradictorias o han retrocedido en las anteriores. “La adquisición cuestionable de las dosis, junto con un retraso en las entregas, ha contribuido a socavar la campaña de vacunación”, como explica en un correo electrónico Andrea Giorgetta, director para Asia de la Federación Internacional por los Derechos Humanos.

El periodista tailandés Pravit Rojanaphruk expresa por teléfono que la campaña también está siendo muy lenta debido principalmente “a una mala planificación”. En su opinión, “el Gobierno no se preparó para el peor de los casos en el que surgirían nuevas variantes mucho más contagiosas”. Y la coordinación entre las agencias gubernamentales, “tampoco estuvo sincronizada, con muchas plataformas confusas y competitivas para registrar las vacunas”. Países vecinos como Filipinas se han asegurado algunas dosis de Pfizer, mientras que el primer lote de esta farmacéutica en Tailandia será de 1,5 millones de inyecciones que serán donadas por Estados Unidos dentro de varias semanas, ejemplifica.

El 6 julio se habían administrado en Tailandia 10,7 millones de dosis, y 2,95 millones de personas habían recibido la pauta completa en este país de casi 70 millones. Esto supone el 11,3%. En Bangkok, el epicentro del último brote de la variante delta, con alrededor de 1.000 infecciones al día, quedan pocas camas en los hospitales para pacientes con coronavirus en estado crítico.

La variante delta es responsable de que el 70% de las personas en Bangkok enfermen con covid-19, según un estudio del Centro de Excelencia en Virología Clínica de la Universidad de Chulalongkorn. El tercer y actual brote ha estado dominado por la variante alfa y se transmite 1,7 veces más rápido que la cepa de Wuhan. Mientras que esta situación persiste, la variante delta avanza constantemente y es 1,4 veces más transmisible que la alfa. Tailandia informó de cerca de 289.000 casos el 6 julio; de ellos, más de 220.000 se han contabilizado entre abril y junio de este año.

Rojanaphruk critica que el Gobierno no ha gestionado bien el plan de vacunación: “No se ha preparado para el Plan B, por no mencionar el Plan C. Se volvió dependiente de las dosis de AstraZeneca, que no pudo producir la cantidad esperada, y de la de Sinovac, que es mucho menos eficaz para desarrollar la inmunidad colectiva”, asevera. Como consecuencia, las personas con menos recursos son las que más sufren. “Los ricos pueden permitirse pagar la de Moderna con garantía privada, o volar a Estados Unidos para recibir inyecciones gratuitas a su llegada, mientras que los tailandeses comunes tienen que esperar a que lleguen las lentas entregas”, añade.

Muchos tailandeses, además, entienden que esta situación “se ha visto empañada por la interferencia política”, relata Giorgetta. La compañía que tiene los derechos para producir unidades de AstraZeneca en Tailandia, Siam BioScience, es propiedad del rey Maha Vajiralongkorn, el monarca y jefe de estado multimillonario tailandés. Esta empresa es el único productor de las dosis en el Sudeste Asiático y las exporta a otros países de la región.

Pero Giorgetta cree que, a pesar de haber muchas críticas sobre el manejo del Gobierno de este asunto, “pocos se atreverían a cuestionar públicamente este problema, porque pueden ser perseguidos y encarcelados bajo la ley de lesa majestad de Tailandia”. Decir cualquier cosa que pueda ser percibida como un insulto a la familia real conlleva una pena máxima de 15 años de prisión. Esto fue precisamente lo que le sucedió en enero a Thanathorn Juangroongruangkit, la figura de oposición más prominente del país, quien fue acusado tras expresar sus dudas sobre la elección de Siam Bioscience, una empresa que no era conocida antes.

Mientras Tailandia ha comenzado a importar la china Sinovac debido a la falta de suministros de AstraZeneca, Rojanaphruk cuenta que algunos tailandeses “se preguntan el porqué de esta elección, ya que no es ni siquiera la más económica, y se ha comentado que podría no ser suficientemente buena para contener la nueva variante delta”. Algunos rumores han señalado que la empresa CP Group adquirió una participación del 15% en Sinovac, aunque este grupo, propiedad de Dhanin Chearavanont, el hombre más rico de Tailandia, lo ha desmentido y, como dice el periodista, “no hay pruebas”.

La comparación de Tailandia con otros países de la región es difícil, ya que entran en juego muchos factores, argumenta Giorgetta. “El problema aquí es que se suponía que Tailandia iba a convertirse en el centro de la producción regional de una determinada vacuna, pero eso no ha sucedido y es perjudicial para el país y su gente, así como para otros territorios que confiaban en ellos”, lamenta.

Rojanaphruk recuerda que Tailandia “reaccionó muy bien” durante la primera y segunda ola de covid de 2020, incluso “mucho mejor que otros países como España”. Pero todo ha cambiado con la llegada de las nuevas variantes y la lentitud en la entrega de suministros no ayuda.

El ministro de Sanidad, Anutin Charnvirakul, ha reiterado la promesa del Gobierno de proteger al menos al 70% de la población a final de año para volver a la vida normal, reabrir el país al turismo y reanimar la economía. Para ello, deberían administrar cientos de miles de pinchazos todos los días.

Mientras que Phuket ha comenzado a recibir turistas vacunados, desde el 28 de junio, y durante 30 días, han entrado en vigor nuevas restricciones en Bangkok y otras cinco provincias de alrededor para frenar el brote de covid. No está permitido cenar en restaurantes, los centros comerciales deben estar cerrados antes de las nueve de la noche y las fiestas, celebraciones o actividades que involucren una reunión de más de 20 personas no están permitidas.